Me ven ahora

30 de marzo de 2011

Wislawa Szymborska (12 poemas)


Bajo una pequeña estrella

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

Descubrimiento

Creo en el gran descubrimiento.
Creo en el hombre que hará el descubrimiento.
Creo en el terror del hombre que hará el descubrimiento.
Creo en la palidez de su rostro,
la náusea, el sudor frío en su labio.
Creo en la quema de las notas,
quema hasta las cenizas,
quema hasta la última.
Creo en la dispersión de los números,
su dispersión sin remordimiento.
Creo en la rapidez del hombre,
la precisión de sus movimientos,
su libre albedrío irreprimido.
Creo en la destrucción de las tablillas,
el vertido de los líquidos,
la extinción del rayo.
Afirmo que todo funcionará
y que no será demasiado tarde,
y que las cosas se develarán en ausencia de testigos.
Nadie lo averiguará, no me cabe duda,
ni esposa ni muralla,
ni siquiera un pájaro, porque bien puede cantar.
Creo en la mano detenida,
creo en la carrera arruinada,
creo en la labor perdida de muchos años.
Creo en el secreto llevado a la tumba.
Para mí estas palabras se remontan por encima de las reglas.
No buscan apoyo en ejemplos de ninguna clase.
Mi fe es fuerte, ciega y sin ningún fundamento.

Un encanto

Con que quiere felicidad,
con que quiere la verdad,
con que quiere eternidad,
¡vaya, vaya!
Apenas si acaba de distinguir el sueño de la vigilia,
apenas si acaba de darse cuenta de que él es él,
apenas si acaba de labrar su mano, descendiente de una aleta,
el pedernal y el cohete,
es fácil ahogarlo en la cuchara del océano,
demasiado poco ridículo incluso como para hacer reír al vacío,
con los ojos sólo ve,
con los oídos sólo oye,
el récord de su habla es el modo potencial,
con la razón vitupera a la razón,
en una palabra: casi nadie,
pero con la cabeza llena de libertad, de omnisciencia
y de existencia
más allá de la estúpida carne,
¡vaya, vaya!
Porque quizá sí exista,
haya sucedido de verdad
bajo una de las pueblerinas estrellas.
A su modo, dinámico y movido.
Para ser una miserable degeneración del cristal,
bastante sorprendido.
Para haber tenido una difícil infancia en la obligatoriedad
de la manada,
no está mal como individuo.
¡Vaya, vaya!
A seguir así, así aunque sea un instante,
¡a través del abrir y cerrar de ojos de una pequeña galaxia!
A ver si tenemos por fin una idea, aproximada al menos,
de qué va a ser, ya que ya es,
Y es obstinado.
Obstinado, hay que admitirlo, mucho.
Con ese aro en la nariz, con esa toga, con ese suéter.
Queramos o no, un encanto.
Pobrecito.
Un verdadero hombre.

La realidad exige

La realidad exige
que lo digamos bien claro:
la vida sigue su curso.
Sucede así en Cannas y en Borodinó,
en los llanos de Kosovo y en Guernica.
Hay una gasolinera
en una pequeña plaza de Jericó,
hay bancos recién pintados
cerca de Bila Hora.
Las cartas van y vienen
entre Pearl Harbor y Hastings,
pasa un camión de muebles
bajo la mirada del león de Queronea
y solo un frente atmosférico amenaza
los florecientes jardines cercanos a Verdún.
Hay tanto de Todo
que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.
De los yates de Accio
llega la música
y en la cubierta, al sol, bailan las parejas.
Pasan siempre tantas cosas
Que seguro tienen que pasar en todas partes.
Donde hay piedra sobre piedra
hay un carro de helados
cercado por los niños.
Donde estaba Hiroshima
de nuevo está Hiroshima
y se siguen produciendo
objetos de uso cotidiano.
No le faltan encantos a este hermoso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar.
En los campos de Macejowice
La hierba es verde,
y en la hierba, como pasa en la hierba,
la escarcha, transparente.
Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
los aún recordados,
los hoy ya olvidados,
bosques de cedros y bosques de abedules,
nieves y arenas, pantanos irisados
y barrancos de negro fracaso
donde en caso de urgencia
satisfacemos ahora nuestras necesidades.
Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.
Lo que de verdad sale es la sangre que seca rápida
y siempre algunos ríos, algunas nubes.
En esos desfiladeros trágicos
el viento se lleva los sombreros,
y es inevitable:
la imagen nos da risa.

Discurso en el depósito de objetos perdidos

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.
Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

La habitación del suicida

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

Las cartas de los difuntos

Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,
pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas
posteriores.
Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.
Con quién se casaron rápidamente las viudas.
Pobres difuntos, inocentes difuntos,
engañados, falibles, ineptamente precavidos.
Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.
Cazamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.
Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en panecillos
con mantequilla,
o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,
sus mortales curas para enfermedades curables,
el insensato Apocalipsis según San Juan,
el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo…
Observamos en silencio sus peones en el tablero,
sólo que tres casillas más allá.
Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente
diferente,
o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.
Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,
porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la perfección.

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Nada sucede dos veces…

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

Opinión sobre la pornografía

No hay mayor lujuria que el pensar.
Se propaga este escarceo como la mala hierba
en el surco preparado para las margaritas.
No hay nada sagrado para aquellos que piensan.
Es insolente llamar a las cosas por su nombre,
los viciosos análisis, las síntesis lascivas,
la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo,
el manoseo obsceno de delicados temas,
los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.
A plena luz del día o al amparo de la noche
unen en parejas, triángulos y círculos.
Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo corrompe al amigo.
Degeneradas hijas pervierten a su padre.
Un hermano chulea a su hermana menor.
Otros son los frutos que desean
del prohibido árbol del conocimiento,
y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas,
pornografía esa tan ingenua en el fondo.
Les divierten libros que no están ilustrados.
Sólo son más amenos por frases especiales
marcadas con la uña o con un lápiz.

Posibilidades

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

Si acaso

Podía ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad,
¡Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.

28 de marzo de 2011

Vicente Huidobro

Contacto externo


Mis ojos de plaza pública
Mis ojos de silencio y de desierto
El dulce tumulto interno
La soledad que se despierta
Cuando el perfume se separa de las flores y emprende el viaje
Y el río del alma largo largo
Que no dice más ni tiempo ni espacio
Un día vendrá ha venido ya
La selva forma una sustancia prodigiosa
La luna tose
El mar desciende de su coche
Un jour viendra est déjà venu
Y Yo no digo más ni primavera ni invierno
Hay que saltar del corazón al mundo
Hay que construir un poco de infinito para el hombre

De Ver y palpar, 1941

27 de marzo de 2011

Domingo a domingo Jorge Teiller (Chile, 1935-1996), El cielo cae con las hojas, 1958




Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese último chispazo de la hoguera del verano
flotando en el silencio del bosque.
Miremos la luz de la luciérnaga.
A ella se ha reducido el mundo.

Domingo a domingo se sucedieron
rostros besados
junto a ramos de nomeolvides,
sueños secretos que se espían
entre un confuso murmullo de grillos y relojes.

Ahora no sabemos qué hacer.
La mañana es tan vieja,
y su rocío se evapora en las manos.
No sabemos qué hacer entre los muros desolados.
Damos inútiles pasos a lo largo de la casa.

Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese débil chispazo de la hoguera del verano
más breve que la memoria de una ola.
Miremos la luz de la luciérnaga.
A ella se ha reducido el mundo

26 de marzo de 2011

Pablo Neruda (Chile, 1904-1973) Si no fuera…

Si no fuera…


Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
De día con arcilla, con trabajo, con fuego,
Y aprisionada tienes la agilidad del aire,
Si no fuera porque eres una semana de ámbar.
Si no fuera porque eres el momento amarillo
En que el otoño sube por las enredaderas
Y eres aún el pan que la luna fragante
Elabora paseando su harina por el cielo.
¡Oh bienamada, yo no te amaría!.
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
La arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
Y todo vive para que yo viva,
Sin ir tan lejos puedo verlo todo,
veo en tu vida todo lo viviente.

25 de marzo de 2011

Carta del suicida Gonzalo Rojas (Chile, 1917-)




Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
Por que ella sale y entra como una bala loca,
Y abre mis parietales y nunca cicatriza,
Así sople el verano o el invierno,
Así viva feliz sentado sobre el triunfo
Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,
Así padezca el látigo del hambre, así me acueste
O me levante, y me hunda de cabeza en el día
Como una piedra bajo la corriente cambiante.

Así toque mi cítara para engañarme, así
Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,
Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
Unas sobre otras hasta consumirse.

Juro que ella perdura porque ella sale y entra
Como una bala loca,
Me sigue a donde voy y me sirve de hada.
me besa con lujuria
tratando de escaparse de la muerte,
y, cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna
vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
empollado en la muerte.

24 de marzo de 2011

Diálogo entre Rabindranath Tagore y el profesor Albert Einstein, en la tarde del 14 de julio de 1930, en la residencia del profesor Einstein en Kaputh, Berlín.

Dialogo
.

 Diálogo 

Einstein: ¿Cree usted en lo divino aislado del mundo?

Tagore : Aislado no. La infinita personalidad del Hombre incluye el Universo. No puede haber nada que no sea clasificado por la personalidad humana, lo cual prueba que la verdad del Universo es una verdad humana. He elegido un hecho científico para explicarlo. La materia está compuesta de protones y electrones, con espacios entre sí, pero la materia parece sólida sin los enlaces interespaciales que unifican a los electrones y protones individuales. De igual modo, la humanidad está compuesta de individuos conectados por la relación humana, que confiere su unidad al mundo del hombre. Todo el universo está unido a nosotros, en tanto que individuos, de modo similar. Es un universo humano. He seguido la trayectoria de esta idea en arte, en literatura y en la conciencia religiosa humana.

Einstein: Existen dos concepciones distintas sobre la naturaleza del Universo: El mundo como unidad dependiente de la humanidad, y el mundo como realidad independiente del factor humano

Tagore: Cuando nuestro universo está en armonía con el hombre eterno, lo conocemos como verdad, lo aprehendemos como belleza.

Einstein: Esta es una concepción del universo puramente humana.

Tagore: No puede haber otra. Este mundo es un mundo humano, y la visión científica es también
la del hombre científico. Por lo tanto, el mundo separado de nosotros no existe; es un mundo relativo que depende,para su realidad, de nuestra conciencia. Hay cierta medida de razón y de gozo que le confiere certidumbre, la medida del Hombre Eterno cuyas experiencias están contenidas en nuestras experiencias.

Einstein: Esto es una concepción de entidad humana.

Tagore: Sí, una entidad eterna. Tenemos que aprehenderla a través de nuestras emociones y acciones. Aprehendimos al Hombre Eterno que no tiene limitaciones individuales mediadas por nuestras limitaciones.
La ciencia se ocupa de lo que no está restringido al individuo; es el mundo humano impersonal de verdades. La religión concibe esas verdades y las vincula a nuestras necesidades más íntimas, nuestra conciencia individual de la verdad cobra significación universal. La religión aplica valores a la verdad, y sabemos, conocemos la bondad de la verdad merced a nuestra armonía con ella.

Einstein: Entonces, la Verdad, o la Belleza, ¿no son independientes del hombre?

Tagore: No

Einstein: Si no existiera el Hombre, el Apolo de Belvedere ya no sería bello.

Tagore: No

Einstein: Estoy de acuerdo con esta concepción de la Belleza, pero no con la de la Verdad.

Tagore: ¿Por qué no? La verdad se concibe a través del hombre.

Einstein: No puedo demostrar que mi concepción es correcta, pero es mi religión.

Tagore: La belleza es el ideal de la perfecta armonía que existe en el Ser Universal; y la Verdad, la
comprensión perfecta de la mente universal. Nosotros, en tanto que individuos, no accedemos a ella sino a través de nuestros propios errores y desatinos, a través de nuestras experiencias acumuladas, a través de nuestra conciencia iluminada; ¿cómo si no, conoceríamos la verdad la Verdad?

Einstein: No puedo de mostrar que la verdad científica deba concebirse como verdad válida independientemente de la humanidad, pero lo creo firmemente. Creo, por ejemplo, que el teorema de Pitágoras en geometría afirma algo que es aproximadamente verdad, independientemente de la existencia del hombre. De cualquier modo, si existe una realidad independiente del hombre, también hay una verdad relativa a esta realidad; y, del mismo modo, la negación de aquella engendra la negación de la existencia de ésta.

Tagore: La verdad, que es una con el Ser Universal, debe ser esencialmente humana, si no aquello que los individuos conciban como verdad no puede llamarse verdad, al menos en el caso de la verdad denominada científica y a la que sólo puede accederse mediante un proceso de lógica, es decir, por medio de un órgano reflexivo que es exclusivamente humano. Según la filosofía hindú, existe Brahma, la Verdad absoluta, que no puede concebirse por la mente individual aislada, ni descrita en palabras, y sólo es concebible mediante la absoluta integración del individuo en su infinitud. Pero es una verdad que no puede asumir la ciencia. La naturaleza de la verdad que estamos discutiendo es una apariencia - es decir, lo que aparece como Verdad a la mente humana y que, por tanto, es humano, se llama maya o ilusión.

Einstein: Luego, según su concepción, que es la concepción hindú, no es la ilusión del individuo, sino de toda la humanidad...

Tagore: En ciencia, aplicamos la disciplina para ir eliminando las limitaciones personales de nuestras mentes individuales y, de este modo acceder a la comprensión de la Verdad que es la mente del Hombre Universal.

Einstein: El problema se plantea en si la Verdad es independiente de nuestra conciencia.

Tagore: Lo que llamamos verdad radica en la armonía racional entre los aspectos subjetivos y objetivos de la realidad, ambos pertenecientes al hombre supra-personal.

Einstein: Incluso en nuestra vida cotidiana, nos vemos impelidos a atribuir una realidad independiente del hombre a los objetos que utilizamos. Lo hacemos para relacionar las experiencias de nuestros sentidos de un modo razonable. Aunque, por ejemplo, no haya nadie en esta casa, la mesa sigue estando en su sitio.

Tagore: Sí, permanece fuera de la mente individual, pero no de la mente universal. La mesa que percibo es perceptible por el mismo tipo de conciencia que poseo.

Einstein: Nuestro punto de vista natural respecto a la existencia de la verdad al margen del factor humano, no puede explicarse ni demostrarse, pero es una creencia que todos tenemos, incluso los seres primitivos. Atribuimos a la Verdad una objetividad sobrehumana, nos es indispensable esta realidad que es independiente de nuestra existencia, de nuestras experiencias y de nuestra mente, aunque no podamos decir qué significa.

Tagore: La ciencia ha demostrado que la mesa, en tanto que objeto sólido, es una apariencia y que, por lo tanto, lo que la mente humana percibe en forma de mesa no existiría si no existiera esta mente. Al mismo tiempo, hay que admitir que el hecho de que la realidad física última de la mesa no sea más que una multitud de centros individuales de fuerza eléctricas en movimiento es potestad también de la mente humana. En la aprehensión de la verdad existe un eterno conflicto entre la mente universal humana y la misma mente circunscrita al individuo. El perpetuo proceso de reconciliación lo llevan a cabo la ciencia, la filosofía y la ética. En cualquier caso, si hubiera alguna verdad totalmente desvinculada de la humanidad, para nosotros sería totalmente inexistente. No es difícil imaginar una mente en la que la secuencia de las cosas no sucede en el espacio, sino sólo en el tiempo, como la secuencia de las notas musicales. Para tal mente la concepción de la realidad es semejante a la realidad musical en la que la geometría pitagórica carece de sentido. Está la realidad del papel, infinitamente distinta a la realidad de la literatura. Para el tipo de mente identificada a la polilla, que devora este papel, la literatura no existe para nada; sin embargo, para la mente humana, la literatura tiene mucho mayor valor que el papel en sí. De igual manera, si hubiera alguna verdad sin relación sensorial o racional con la mente humana, seguiría siendo inexistente mientras sigamos siendo seres humanos.

Einstein: ¡Entonces, yo soy más religioso que usted!

Tagore: Mi religión es la reconciliación del Hombre Suprapersonal, el espíritu humano Universal y mi propio ser individual. Ha sido el tema de mis conferencias en Hibbert bajo el título de "La religión del hombre".

Publicado por primera vez en el diario "Modern Review" de Calcuta en 1931

Tomado de "Gaceta Literaria Universitaria" N°48, México 2003

23 de marzo de 2011

Mario Benedetti; ( Uruguay, 1920 - 2009) Desde los afectos


Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?

22 de marzo de 2011

"Justine" Fragmento inicial El cuarteto de Alejandría Lawrence Durrell

El Cuarteto de Alejandría


El cuarteto de Alejandría es una tetralogía de novelas del escritor británico Lawrence Durrell, publicadas originalmente por separado entre 1957 y 1960. Tuvieron un gran éxito, tanto de crítica como de público. Presentan cuatro perspectivas diferentes de un mismo conjunto de personajes y acontecimientos que tienen lugar en Alejandría, Egipto, antes y durante la II Guerra Mundial. En estas novelas investiga el amor en todas sus formas, y en ellas se mezclan pasajes de gran belleza con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual.

En la primera novela, Justine, el lector se introduce en los ambientes de la cosmopolita ciudad de Alejandría y en los personajes de la tetralogía. Darley, el narrador, es un escritor que siente un intenso amor hacia Justine, una mujer casada y enigmática, con un oscuro pasado y gran capacidad de fascinar; el amor es un sentimiento que Durrell explora con minuciosidad.

El segundo libro, Baltazhar, retoma la historia del primero, incluso muchas de las situaciones narradas ya aparecían en él. Esta novela gira en torno a Baltazhar, amigo de Justine, Darley y el resto de personajes de la primera novela. Es un médico iniciado en el estudio de la cábala, y su sabiduría aporta una nueva dimensión al argumento y personajes ya conocidos. La ciudad, como en las otras novelas, tiene una importancia fundamental.

Mountolive narra, de forma más lineal y objetiva, una historia de intriga. En ella hay menos introspección de sentimientos y personajes, y más narración de acontecimientos. Mountolive es un diplomático de la embajada británica, amigo de Nessim, el marido de Justine. Su historia en Alejandría queda recogida aquí, especialmente su relación amorosa con Leila, la madre de Nessim, y su implicación en una conspiración de tipo político en la que participan Nessim y Justine.

La última novela, Clea, explica el sentido de la totalidad de la obra. Es la que le da una perspectiva temporal: las tres primeras novelas giran en torno a unos mismos hechos, y esta cuarta tiene lugar después. Darley vuelve tras su retiro en una isla a Alejandría, durante la Segunda Guerra Mundial, y vive una historia de amor con Clea, una pintora que forma parte del círculo de personajes de la tetralogía. La relación entre ellos tendrá paralelismo con la creación artística y, por supuesto, con el ambiente de la ciudad. " Me he refugiado en esta isla con algunos libros y la niña, la hija de Melissa. No sé por qué empleo la palabra "refugiado". Los isleños dicen bromeando que sólo un enfermo puede elegir este lugar perdido para restablecerse. Bueno, digamos, si se prefiere, que he venido aquí para curarme... De noche, cuando el viento brama y la niña duerme apaciblemente en su camita de madera junto a la chimenea resonante, enciendo una lámpara y doy vueltas en la habitación pensando en mis amigos, en Justine y Nessim, en Melissa y Balthazar. Retrocedo paso a paso en el camino del recuerdo para llegar a la ciudad donde vivimos todos un lapso tan breve, la ciudad que se sirvió de nosotros como si fuéramos su flora, que nos envolvió en conflictos que eran suyos y creíamos equivocadamente nuestros, la amada Alejandría.

Fragmento inicia de "Justine"


"¡He tenido que venir tan lejos para comprenderlo todo! En este desolado promontorio que Arcturo arranca noche a noche de las tinieblas, lejos del polvo calcinado de aquellas tardes de verano, veo al fin que ninguno de nosotros puede ser juzgado por lo que ocurrió entonces. La ciudad es la que debe ser juzgada, aunque seamos sus hijos quienes paguemos el precio.

En esencia, ¿qué es esa ciudad, la nuestra? ¿Qué resume la palabra Alejandría? Evoco en seguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que llevan una existencia vicaria.

Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos y sólo el griego del pueblo parece capaz de distinguirlos. La mercadería sexual al alcance de la mano es desconcertante por su variedad y profusión. Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero. Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto, algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar de la dulce anarquía del cuerpo, porque ha ido más allá del cuerpo. Nessim dijo una vez, recuerdo -y creo que lo había leído en alguna parte- que Alejandría es el más grande lagar del amor; escapan de él los enfermos, los solitarios, los profetas, es decir, todos los que han sido profundamente heridos en su sexo.

Notas para un paisaje... Largas modulaciones de color. Luz que se filtra a través de la esencia de los limones. Polvo de ladrillo suspendido en el aire fragante, y el olor del pavimento caliente recién regado. Nubes livianas, al ras del suelo, que sin embargo rara vez traen lluvia. Sobre ese fondo se proyectan rojos y verdes polvorientos, malva pastel y un carmesí profundo y diluido. En verano la humedad del mar da una leve pátina al aire. Todo parece cubierto por un manto de goma.
Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante, cargado de áspera electricidad estática, que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana. La carne despierta, siente los barrotes de su prisión. De noche una prostituta borracha camina por una calle oscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos. ¿Fue allí donde escuchó Antonio los acordes arrobadores de esa música sublime que lo impulsó a entregarse para siempre a la ciudad que amaba?

Los cuerpos hoscos de los jóvenes inician la caza de una desnudez cómplice, y en esos pequeños cafés a los que solía ir Balthazar con el viejo poeta de la ciudad (se refiere a poema de Kavafis sobre La Ciudad), los muchachos, nerviosos, juegan al chaquete bajo las lámparas de petróleo y, perturbados por el viento seco del desierto -tan poco romántico, tan sospechoso-, se agitan y se vuelven para mirar a los recién llegados. Les cuesta respirar y en cada beso del verano reconocen el gusto de la cal viva...

He venido a reconstruir piedra por piedra esa ciudad en mi mente, esas provincias melancólicas que el viejo (se refiere a "El Viejo" de Kavafis) veía llenas de las "ruinas sombrías" de su vida. Estrépito de los tranvías estremeciéndose en sus venas metálicas mientras atraviesan la meidan color de iodo de Mazarita. Oro, fósforo, magnesio, papel. Allí nos encontrábamos a menudo. En verano había un tenderete abigarrado donde a ella le gustaba saborear tajadas de sandía y sorbetes de colores brillantes. Naturalmente, llegaba siempre un poco tarde, de vuelta quizá de una cita en una habitación oscura en la que yo trataba de no pensar, tan frescos, tan jóvenes eran los pétalos abiertos de la boca que caía sobre la mía para saciar la sed del verano. Quizás el hombre a quien acababa de abandonar rondaba aún en su memoria, quizá persistía aún en ella el polen de sus besos. Pero eso importaba muy poco ahora que sentía el leve peso de su cuerpo apoyando su brazo en el mío, sonriendo con la sinceridad generosa de los que han renunciado a todo secreto. Era bueno estar allí desmañados, un poco tímidos, respirando agitadamente porque sabíamos lo que cada uno esperaba del otro. Los mensajes se transmitían prescindiendo de la conciencia, por la pulpa de los labios, por los ojos, por los sorbetes, por el tenderete abigarrado. Permanecer allí alegremente, tomados de los meñiques, bebiendo la tarde profundamente olorosa a alcanfor, como si fuéramos parte de la ciudad...

Esta noche estuve revisando mis papeles. Algunos han ido a parar a la cocina, la niña ha roto otros. Me gusta esta especie de censura porque tiene la indiferencia del mundo natural por las construcciones del arte, indiferencia que empiezo a compartir. Después de todo, ¿de qué le sirve a Melissa una hermosa metáfora ahora que yace como una momia anónima en la tibia arena del estuario negro?

Pero estos papeles que guardo con cuidado son los tres volúmenes del diario de Justine, y las páginas que registran la locura de Nessim. Nessim me entregó todo a mi partida, diciendo: Tome esto y léalo. Aquí se habla mucho de nosotros. Le ayudará a conservar la imagen de Justine sin echarse atrás, como he tenido que hacerlo yo".

Traducción Aurora Bernárdez

21 de marzo de 2011

Thomas Pynchon Fragmento de "El arco iris de la gravedad"

Su obra cumbre parece ser "El arco iris de la gravedad".  He encontrado un fragmento que ha despertado aún más mi interés.


Por encima de ellos vibra una escuadrilla de B-17, hoy con rumbo desacostumbrado, fuera de los habituales corredores de vuelo. Detrás de estas fortalezas volantes, la superficie inferior de las frías nubes es azul y sus suaves ondas están veteadas también de azul, con toques de rosa grisáceo o de color púrpura...Las alas y los estabilizadores sombreados de gris oscuro. Sombras ligeramente horizontales alrededor de las curvas del fuselaje y las barquillas. Los conos de las hélices -invisibles éstas por la rotación- emergen de la encapotada oscuridad del interior de las cubiertas. La luz del cielo transforma todas las superficies vulnerables en un uniforme y crudo gris. Los aviones zumban, estáticamente, en el cielo cero, derramando escarcha recién formada, sembrando el cielo de surcos de hielo blanco, color que armoniza con algunas capas de nubes, las minúsculas aberturas y ventanillas en suave negrura, el brillante morro de perspex para siempre en un fluir de nubes y sol.
El interior, negro obsidiana.

Ana Maria Shua


Teóloga

En el siglo VII después de Cristo, un grupo de teólogos bávaros discute sobre el sexo de los ángeles. Obviamente, no se admite que las mujeres (por entonces ni siquiera era seguro que tuvieran alma) sean capaces de discutir materias teologales. Sin embargo uno de ellos es una mujer hábilmente disfrazada. Afirma con mucha energía que los ángeles sólo pueden pertenecer al sexo masculino. Sabe, pero no lo dice, que entre ellos habrá mujeres disfrazadas.

Doncella y unicornio I

Hay quienes suponen agotado el tema del unicornio y la doncella por extinción de ambas especies. Sin embargo el diario de hoy publica la fotografía de un caballo con un manchón sanguinolento sobre la frente. El animal asegura haber sido, hasta pocas horas antes de la toma, una auténtica doncella.

de "Casa de Geishas", de Ana María Shua. © 1992 Editorial Sudamericana

19 de marzo de 2011

ELEGÍA Jorge Luis Borges

ELEGÍA

Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
ha llorado unas lágrimas humanas.
No puede sospechar que conmemoran
todas las cosas que merecen lágrimas:
la hermosura de Helena, que no ha visto,
el río irreparable de los años,
la mano de Jesús en el madero
de Roma, la ceniza de Cartago,
el ruiseñor del húngaro y
del persa,
la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
de marfil y de música Virgilio,
que cantó los trabajos de la espada,
las configuraciones de las nubes
de cada nuevo y singular ocaso
y la mañana que será la tarde.
Del otro lado de la puerta un hombre
hecho de soledad, de amor, de tiempo,
acaba de llorar en Buenos Aires
todas las cosas.
La cifra, Alianza, Madrid, 1981, 112 páginas.

17 de marzo de 2011

Octavio Paz Elegia


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.



POESÍA ARÁBIGO-ANDALUZA



LLUVIA SOBRE EL RÍO

La mano de los vientos realiza finos trabajos de orfebre en el río, ondulado en mil arrugas.
Y siempre que ha terminado de forjar las mallas de una loriga, la lluvia viene a enlazarlas con sus clavillos.
Del sevillano ABU-L-QASIM AL-MANISI, (Siglo XII)

LA LECTURA

Mi pupila rescata lo que está preso en la página: lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro.
De BEN AMMAR de Silves, visir de Mutamid de Sevilla. (m. 1086)


LA NUEZ

Es una envoltura formada por dos piezas tan unidas, que es lindo de ver: parecen los párpados cuando se cierran en el sueño.
Si la hiende un cuchillo, dirías que es una pupila a la que pone convexa el esfuerzo de mirar.
Y su interior podrías compararlo al de la oreja, por sus repliegues y escondrijos.
De ABU BAKR MUHAMMAD BEN AL-QUTIYYA, cortesano de Mutadid de Sevilla.


Me maravillo de la ingratitud del arco, porque no es leal con las palomas del boscaje.
Cuando era rama fue su amigo y ahora que es arco las persigue.
¡Así son las vicisitudes de los tiempos!
Ahmed Ibn Waddah “al Buqayra” (Murcia, S. XII).

LA ESTRELLA FUGAZ

Vio la estrella a un demonio espiar furtivamente a las puertas del cielo, y se lanzó contra él, encendiendo un camino de llama.
Parecía un jinete a quien la rapidez de la carrera desatara el turbante y que lo arrastrase entero tras de sí un velo que flota.
De BEN SARA, de Santarén. (m. 1123)

16 de marzo de 2011

"Decálogo" de Jorge Luís Borges


En literatura es preciso evitar:
.
1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
2. Las parejas de personajes groseramente disimiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.
9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio

15 de marzo de 2011

(ABU-L-HASAN AL-HUSRI,"el Ciego" ) EL LUTO EN Al-ANDALUS

Si es el blanco el color de los vestidos
en al-Andalus, cosa justa es.

¿No me ves a mí, que me he vestido con el blanco
de las canas, porque estoy de luto por la juventud?

Mujeres Adolfo Bioy Casares

.
.
Cuerpo y alma II
El cuerpo de Margarita es buena persona, pero de Margarita líbreme Dios.


Cuerpo y alma I
Una muchacha, como tantas otras, con el alma boba y perversa, y el cuerpo honesto.


De un antiguo III
La boca, primero inmunda, es deliciosa para quien persevera. La amada tampoco lo ignora.


Gran final
El viejo literato dijo a la muchacha que en el momento de morir él quería tener un último recuerdo de lujuria.

13 de marzo de 2011

EL CIEGO (Ana María Mopti de Kiorcheff)

Fue a espaldas del propio Homero que Ulises preparó aquel viaje para encontrarse con Palas Atenea. Pero las cosas no anduvieron bien porque enseguida la diosa mostró sus caprichitos y, como el marino decía dominar el mar, buscó su cálida sirenita en una isla y allí la gozó, claro, antes de que Penélope iniciara otro tejido inducida por el ciego.

(Del libro “Con abrazos”, Lucio Piérola ediciones – 2007)

7 de marzo de 2011

carta de amor

Richard Feynman

17 de octubre de 1946


Arlene:

Te adoro, cariño.

Sé cuánto te gusta oír esto, pero no sólo lo escribo porque a ti te guste; lo escribo porque me reconforta escribírtelo.

Ha pasado un tiempo terriblemente largo -casi dos años- desde la última vez que te escribí, pero sé que me excusarás porque sé que entiendes cómo soy, tozudo y realista; y creía que no tenía sentido escribir.

Pero ahora sé, mi querida esposa, que está bien hacer lo que he retrasado hacer y lo que tanto he hecho en el pasado. Quiero decirte que te quiero. Quiero amarte, siempre te amaré.

Me resulta difícil entender lo que significa amarte después de que hayas muerto, pero aún quiero consolarte y cuidar de ti, y quiero que tú me ames y cuides de mí. Quiero tener problemas que discutir contigo, quiero hacer pequeños proyectos contigo. Hasta ahora nunca pensé que pudiéramos hacer eso juntos. Que deberíamos hacerlo. Juntos empezamos a aprender a hacer telas juntos, o a aprender chino, o conseguir un proyector de cine. Ahora no puedo hacerlo. No. Estoy solo sin ti y tú eras la “mujer-idea” y la instigadora de todas nuestras aventuras salvajes.

Cuando enfermaste te preocupaste porque no podías darme algo que tú querías hacer y pensabas que yo necesitaba. No tenías que haberte preocupado. Igual que te dije entonces, no era necesario porque te quería mucho y de muchas maneras. Y ahora es incluso más cierto: no puedes darme nada ahora pero yo te quiero y te interpones en mi camino para amar a cualquier otra, pero quiero permanecer así. Tu, muerta, eres mucho mejor que cualquier otra viva.

Sé que me dirás que estoy loco y que quieres que sea plenamente feliz y no quieres interferir en mi camino. Apostaría a que estás sorprendida de que ni siquiera tenga una novia (excepto tú, tesoro) después de dos años. Pero no puedes evitarlo, cariño, ni yo puedo; no lo entiendo, pues he conocido a muchas chicas y muy guapas y no quiero quedarme solo, pero tras dos o tres encuentros todas ellas parecen cenizas. Sólo tú me quedas. Tú eres real. Mi querida esposa, te adoro.

Amo a mi mujer. Mi mujer está muerta.


Rich.

P.D. Perdona que no eche esto al correo, pero no sé tu nueva dirección.
---

Del libro ¡Ojalá lo supiera!, las cartas de Richard Feynman


Richard Feynman es una de las figuras más importantes de la ciencia del siglo XX. Incluso antes de ganar el premio Nobel de Física en 1965, sus heterodoxas conferencias de física le granjearon una buena reputación entre estudiantes e investigadores de todo el mundo. Fue su desmesurado amor por la vida, sin embargo, lo que le valió el estatus de icono cultural norteamericano: un intelecto extraordinario y devoto a la creencia de que la emoción del descubrimiento está muy emparentada con la alegría de comunicarlo a los demás. (Timothy Ferris)


"La genialidad no está reñida con una vida emotivamente rica".

Esta frase define perfectamente la vida de Feynman, quien protagonizó una bella historia de amor con su primera esposa, Arlene. Feynman conoció a Arlene Greenbaum siendo muy joven. Cuando ya hacían planes de boda recibieron una terrible noticia: Arlene había enfermado de tuberculosis, incurable por entonces. Feynman no abandonó a Arlene y a pesar de los consejos familiares decidieron casarse. Debido a su enfermedad ella tenía que vivir internada en un sanatorio, y según nos cuenta Feynman, después de celebrar la boda él tan solo pudo darle un beso en la mejilla y la llevó directamente al hospital.. Siete años después ella murió.

Cuenta la historia que Richard le había regalado a su esposa un reloj con grandes números que pudiera ver la hora desde la cama. Arlene tenía el reloj a su lado en el momento de su muerte. Falleció a las 9:22 de la noche y el reloj se detuvo justo a esa hora, dejando de funcionar para siempre... Feynman no creía en lo sobrenatural, y dejando a un lado romanticismos se puso a investigar sobre este hecho. Después de muchas conjeturas, recordó que el reloj se desajustaba periódicamente y había que arreglarlo para que siguiese funcionando, por lo que llegó a la conclusión que en el momento de la muerte de su esposa, la enfermera que estaba a su cuidado levantó el reloj justo en el momento de fallecer Arlene para anotar la hora, desajustando el reloj... Seguro que muchos de nosotros, menos observadores y no tan escépticos, hubiéramos buscado otro tipo de explicación...

Publicado con permiso del blog  Antropicos magnifico blog dedicado a la ciencia

5 de marzo de 2011

Mezquita de Córdoba

La Mezquita-Catedral de Córdoba es el primer monumento de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo.

Resume en su historia arqueológica la evolución completa del estilo omeya en España, es decir, del estilo hispanomusulmán en la época de su mayor apogeo. Su influjo en todo el Occidente arabizado fue capital, y sus soluciones llegaron a ser ley en una vasta provincia del arte.

El edificio actual es producto de una mezquita inicial levantada por el emir Abd al-Rahman I en el 780, sobre una basílica cristiana dedicada a San Vicente y aprovechando gran parte de sus materiales. Consta de once naves con doce tramos perpendiculares al muro del fondo o quibla, en el cual se abría el mihrab, que introducen el elemento constructivo más característico del momento, el doble arco, de herradura el inferior y de medio punto el superior. La falta de recursos obligaron a reutilizar elementos de edificios anteriores, principalmente basas, capiteles y fustes de construcciones romanas y visigodas. Se dio por terminada siete años después. Su hijo Hixem I levantaría el primer Alminar y el patio con la fuente de abluciones.
La primera ampliación, llevada a cabo por Abd al-Rahman II a partir del año 833 en dirección sur, abriendo el muro de la quibla y prolongando las once naves con ocho nuevos arcos cada una. Las columnas, también aprovechadas y por general visigodas, se utilizan sin basas. Aparecen en ella los primeros capiteles árabes salidos de un taller de la época sobre modelo corintio.
El primer califa, Abd al-Rahman III, no emprende nueva ampliación de la sala de oración, aunque sí del patio y construye el alminar, sustituyendo el de Hixem I, en el año 931. Este segundo alminar pervive enfundado por la torre cristiana actual construida a finales del siglo XVI.
Su hijo el califa al-Hakam II, llevará a cabo a partir del 962 la segunda ampliación, más suntuaria y rica, abriendo de nuevo la quibla y prolongando, también hacia el sur, la sala de oración e incorporando once hileras de arcos. Las arquerías repiten el modelo de Abd al-Rahman I. Las columnas y capiteles fueron labrados para este edificio. Alternan los capiteles corintios y compuestos, así como los fustes de mármol azul y rosa.
Esta riqueza alcanza su apogeo al llegar a la macsura o espacio reservado que se encuentra ante el recinto sagrado donde se depositaba el Corán-. Aquí vemos un ámbito absolutamente singular, sin parangón alguno en toda la arquitectura islámica de Oriente ni Occidente. Aquí se multiplican las columnas para mejor apoyar la riquísima composición de los arcos tendidos al aire, donde los encontramos de herradura, apuntados y lobulados, todos entrecruzados y ricamente guarnecidos. En lo alto aparecen tres lucernarios, que en la oscuridad general de la mezquita, iluminada tan sólo, en su tiempo, a partir de un muro abierto al patio de los Naranjos, darían a la macsura una mayor luminosidad indicando que allí se abría el mihrab. Éste es también de una exquisita riqueza por sus mosaicos vidriados de bellísimos colores procedentes de Bizancio. El interior del mihrab, con bovedilla enteriza en forma de concha, como los capiteles en los que apoya el arco de ingreso, los zócalos de mármol, etc., señalan el punto álgido de la decoración califal, que solo tiene parangón con los restos hallados en el palacio cordobés de Medina Azahara. Inscripciones que exaltan la grandeza de Alá y el Califa plasmadas en mármoles, mosaicos y yeserías fechan esta majestuosa obra en el año 965.
La tercera y última ampliación la llevó a cabo Almanzor entre los años 987 y 990 y fue la más extensa de todas. Incorporó ocho nuevas naves no ofreciendo ya novedades arquitectónicas al edificio. La ampliación a falta de espacio al sur, por la proximidad del río Guadalquivir, se hizo hacia el este, por lo que el mihrab quedó en el futuro descentrado. Afortunadamente no destruyó totalmente las puertas orientales de la Mezquita que permanecieron incorporadas al muro divisorio interior permitiendo así que el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco las tomara como modelo para restaurar y reconstruir las puertas exteriores, tal y como hoy las vemos.

Con la conquista cristiana de Córdoba en el año 1236 por Fernando III se pone fin a cinco siglos de culto islámico en la Mezquita, cuyo recinto queda convertido primero en templo cristiano y posteriormente, en Catedral.

Lo que resulta absolutamente excepcional, y hace al conjunto Mezquita-Catedral de Córdoba único en el mundo, es la coexistencia de una Mezquita y una Catedral, ésta constructivamente inserta en aquella. Pese al inicial rechazo que pueda producir este hecho a todas luces patológico, no hay más remedio que reconocer el profundo respeto que hacia la arquitectura califal de la Mezquita mayor de Córdoba tuvo el Cabildo que acordó "ajustar" la Catedral en el templo islámico. Otras ciudades como Toledo, Sevilla o Granada, que contaron igualmente con hermosas mezquitas, si bien posiblemente no de la riqueza ni belleza que la cordobesa, optaron por demoler en su totalidad la sala de oración musulmana, quedando algún testimonio en pie como el antiguo alminar de la Giralda, que en todo caso, puede servir de testimonio de lo que se perdió para levantar la extraordinaria Catedral de Sevilla.
Con todo, parece que fue el Consejo de la Ciudad de Córdoba el que defendió la conservación de la Mezquita, originándose un duro pleito entre al Cabildo catedralicio y el municipal, que obligó a intervenir a Carlos V. En 1523 en Consejo de la Ciudad de Córdoba al tener noticias de que se pretendía por el Obispo la demolición de parte de la Mezquita decreta su paralización.


" Por tanto mandamos que ningún albañil, ni carpintero,

ni peón ni otra persona alguna no se han osado de tocar

el la dicha obra, ni desfacen, ni labrar cosa alguna della

fasta que Su Majestad sea mandado lo que más sea su

servicio, sopena de muerte e de perdimiento de todos sus

bienes para la Cámara e Fisco de Su Majestad. Esto porque

la obra que se desface es de calidad que no se podrá volver

a fazer en la bondad e perfección questá fecha."

Y como siempre que se gobierna en la distancia Su Majestad decidió...y lo hizo en favor del Cabildo catedralicio. Mas tarde hubo de lamentarlo, pues al ver la Catedral dentro de la Mezquita comentó al obispo fray Juan de Toledo " hacéis lo que hay en otras muchas partes y habéis deshecho lo que era único en el Mundo".

Resultando pequeña la tímida nave que en el siglo XV se habilitó para Catedral, y de algún modo incitado el cabildo cordobés por las suntuosas fábricas catedralicias que durante les siglos XV y XVI se levantaron en Castilla, se decidió en 1523 alzar la nueva Catedral, siendo obispo don Alonso de Manrique. La obra fue trazada por Hernán Ruiz el Viejo, un maestro burgalés, que acomodó la única nave oblonga de la Catedral ocupando seis tramos de ocho naves en el cometido difícil de dañar lo menos posible la fábrica musulmana. Una nave de crucero afectaría seis tramos más, de tal manera que ésta tiene un desarrollo que coincide con la ampliación de Abd al-Rahman II. Muerto el maestro mayor de la catedral en 1547, le sucedió su hijo, que continuaría las obras hasta 1569.
El proyecto inicial resulta en su comienzo algo retardatario, ya que responde a una concepción gótica pero desarrollada en el siglo XVI y rematada en el XVII, por lo que las proporciones, arcos y bóvedas corresponden a una fábrica tardomedieval, mientras que muchos de los temas decorativos obedecen al pleno renacimiento y aun barroco como sucede con la tardía cúpula en 1600. Por otra parte la elevada altura del templo exigió en contrarresto exterior con arbotantes y contrafuertes hábilmente dispuestos para no afectar a la estructura ligera de la mezquita.
Con todo, la obra resulta muy hermosa, tanto en su capilla mayor, con un retablo en mármol rojo de bellísima arquitectura y lienzos de Palomino, como el magnífico coro cuya sillería talló Duque Cornejo. Este escultor se hizo cargo de la obra cuando contaba ya setenta años, si bien no por eso el interés de la misma decae en ningún momento. Al contrario, la sillería tallada con las primeras caobas que llegaban de América, cuenta, en el cuerpo bajo y alto, con animadísimos relieves, si bien es la propia arquitectura del conjunto que más llama la atención. Ésta es de una libertad absoluta y sin precedentes, pudiéndose tener como una de las obras más características del barroco hispánico. Comenzada a labrarse en 1748 se terminó en 1757. El contrato exigía a Duque Cornejo que los relieves sobre el Antiguo y Nuevo Testamento fueran todos de una sola pieza, así como que el coro no llevara clavazón, siendo todo él ensamblado. La vitalidad creciente que desprende la sillería se ve realzada por los monumentales órganos, hasta el punto de hacernos olvidar que nos hallamos dentro de la Mezquita. No pueden dejar de mencionarse los soberbios púlpitos del siglo XVIII, obra también magnífica, con los símbolos de los Evangelistas en gran tamaño, debidos al escultor francés Michel Verdiguier. La gran lámpara de plata del presbiterio es obra del platero cordobés Marín Sánchez de la Cruz en 1620.
La Mezquita-Catedral cuenta con numerosas capillas adosadas al muro perimetral, muchas de ellas anteriores en fecha al templo catedralicio, datando las más antiguas del siglo XIV. No podemos detenernos en todas, pero recordaremos al menos algunas de estas en el muro sur o de la quibla, tales como la de San Bartolomé, por hallarse en ella la sepultura del gran poeta cordobés Luis de Góngora y Argote, la capilla de Santa Teresa, que guarda en ella una escultura de la titular por José de Mora, además de unos lienzos de Palomino. Inmediata a ésta capilla se encuentran las dependencias del tesoro catedralicio, donde destaca la imponente custodia gótica labrada en el siglo XVI por Enrique de Arfe una de las más bellas de España. La catedral guarda asimismo una rica colección de pinturas, siendo especialmente notables las del racionero cordobés Pablo de Céspedes, figura principal de nuestro renacimiento. A él se deben entre otras, la conocida Última Cena, que como en otras ocasiones muestra el influjo de Miguel Ángel. Pinturas de Pedro de Campaña, de Antonio del Castillo (Capilla de Nuestra Señora del Rosario), las esculturas de Pedro de Mena en la capilla de Nuestra Señora de la Concepción y un largo etcétera, nos obligarían a un detenido recorrido por sus capillas a fin de contemplar nuestra visión sobre tan singular edificio, en cuyo interior y de modo disperso se hallan inscripciones árabes, o restos visigodos que nos hablan del heterogéneo origen de la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Parafraseando a la película Casablanca: Siempre tendremos Córdoba.

4 de marzo de 2011

Antonio Casares Querencia del olivo





OLIVOS CON CIELO AMARILLO Y SOL

Vincent Willem van Gogh

Saint-Rémy: Noviembre, 1889 Minneapolis, The Minneapolis Institute of Art

Yo quisiera estar siempre como tú, viejo olivo,
enhiesto bajo el cielo azul de Andalucía,
como un dios que se siente eternamente vivo,
heraldo de una tierra que anuncia la alegría.

Sembraría en el viento estos versos que escribo,
para que todo el mundo oyera la armonía
del árbol de los sueños, del árbol sensitivo,
que sólo da frutos de amor y de poesía.

Quisiera mirar siempre la soledad del monte,
la belleza sin fondo del mar del horizonte,
la tierra que me acoge, hermosa como un verso.

Y levantar mis ramas al cielo como un grito,
para así proclamar mi dolor infinito,
cuando quieran cortarme, a todo el universo.

Parece ser que a través de sus olivos Van Gogh deseaba transmitir su "angustia", aunque no como síntoma de desesperación sino más bien como consuelo, ya que pensaba que sus cuadros debían consolar al público que los contemplaba y al propio Vincent el primero. No olvidemos su profunda religiosidad y el simbolismo subyacente de los olivos de Tierra Santa, aunque quizá sólo se preocupara por transmitirnos el paisaje de las cercanías de su sanatorio de Saint-Rémy, sin más profundidad que la belleza de la visión.
Técnicamente, está empleando la pincelada en facetas que le caracteriza, con un trazo rápido y vigoroso que se aprecia con claridad, disponiendo los pequeños toques de color alrededor del sol, de manera concéntrica. La línea ondulada - una de sus favoritas - la encontramos en los olivos, algunas de cuyas siluetas aparecen marcadas con una línea más oscura como muestra del contacto - aunque sólo sea epistolar - con las ideas simbolistas de Bernard y Gauguin. Respecto al color, continua empleando la gama de complementarios que avanzó Delacroix e hizo suya el Impresionismo; los tonos naranjas contrastan con el azul, formándose una sombra coloreada en tonos grises. Las montañas malvas del fondo son un claro recuerdo de su maestro, Camille Pissarro.